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miércoles, 23 de noviembre de 2011

Para Honorio, in memoriam



No es lo mismo saber que estabas lejos, pero estabas, que estar cerca cuando ya no estás, como no es lo mismo poderte ver y quererte, que quererte ver y no poder. Ya ves, han pasado unas horas y ya te extraño. Hace unos días, aquí mismo, agradecía a mamá la parte que le corresponde, y quién lo iba a decir, no me dejaste preparar la tuya. Quería enseñar tus cositas, tus entretenimientos, contar detalles de tu trabajo y de tu vida… y me dejaste…, nos dejaste con la boca abierta. Ahora que comprendo mejor tus reproches, cuando tengo que reprobar a los míos, tus enfados, porque yo también me enfado, aquella alegría con los brazos abiertos en cada visita a tu casa…, ahora ya no estás para volver una vez más, decirte lo que hoy te escribo y sentir esos brazos que me atraparon para siempre. A tu sombra comencé a proyectar, muy débil, la mía; observando tus manos aprendí lo hermoso que es crear, construir. En tu casa cuelgan esas herramientas que eran la prolongación de tus dedos, las que considero mi chupete profesional. A escondidas, y me consta que ya lo sabías, me gustaba usar tu azuela, las tenazas, el berbiquí, la escofina… como te veía hacerlo a ti. Mas tarde, a tu lado, me enseñaste gran parte de lo que sé, y lo que más aprecio, la honradez en el trabajo. No es tiempo de llorar, que a ti no te gustaba, que sepas que te recordamos así, alegre y generoso; y tus consejos, mandamientos, que nadie como tú vivió en la escasez como para no recomendar en la abundancia. Pero permíteme regañarte por marcharte así, que nos aguantaste lo indecible de pequeños, y parece que no nos quisiste molestar cuando quisimos ayudarte de mayor. A Dios agradecemos que tus últimos días los viviste tranquilo y contento, en casa, y cuando cerraste los ojos para dormir, después de cenar, lo hicieras para siempre, sin un ápice de dolor. Pues quédate con Dios, buen hombre, que ya dice mamá, solo nos llevas la delantera.



lunes, 14 de noviembre de 2011

Mi tributo a la mujer rural



Se suele decir que una imagen vale más que mil palabras. Puede que sí, pero siempre que dediquemos mil palabras a la presentación de la imagen, o corremos el riesgo de sacarla de contexto. Un carro y unas vacas, y una mujer al frente, puede ser eso mismo, así de simple y para alguien divertido; o puede esconder un profundo significado que sólo puede entender quien haya vivido o conozca una situación parecida. Estudiando esta imagen, podemos ver que no es fotografía, pero no por eso no deja de ser real, porque la original si lo fue. El entorno parece llano y productivo, una vega; al fondo vemos unos árboles, por sus rasgos parecen chopos, característicos de las riberas de los ríos. La mujer empuña con valentía una vara larga y delgada que en el argot agrícola se conoce como ijada, destinada al necesario azuzamiento y disciplina de las vacas, una marrón y otra gris claro, uñidas (uncidas) al carro, en un día otoñal, frío y ventoso, que así lo indica la sequía de las hierbas del suelo, el pelo descolocado y las ondas de su ropa. La vaca gris, que cariñosamente sujeta, se llamaba “Listana”, porque seguramente nació en Aliste, comarca zamorana; la marrón de gruesos cuernos era la “Garbosa”, sobra decir el porqué de su nombre. Y el lugar es el valle de la Valdería, en la vega de Calzada, mi pueblo natal. Nada me parece que represente mejor a la mujer rural que ésta imagen. Sola, al cuidado de unos animales brutos (aparentemente), tirando de un carro simple y tosco, exento de la más elemental comodidad, para el transporte de cualquier producto agrícola cultivado con la misma técnica: ninguna. Una imagen que nos habla de necesidad, humildad, modestia, paciencia, sencillez... , valores impuestos que solo dieron opción a soñar con otra forma de vida, y la mujer como protagonista. Ya antes de salir de casa, estuvo pendiente de sus inquilinos: niños, marido, animales…, en el campo cumplirá con el trabajo como la mejor jornalera, con la prisa de terminar pronto para preparar la comida; por la tarde continuará hasta “el sol puesto”, para volver a casa rendida a continuar las tareas del hogar. Y en medio de éste ajetreo, sacará tiempo para coser y lavar manualmente, reponer la despensa, atender las necesidades de los hijos y un sinfín de cosas más que harán los días interminables y las noches demasiado cortas para un correcto descanso. La mujer rural, icono por excelencia de la mujer trabajadora, que nunca conoció horarios ni calendarios, ni domingos, festivos o puentes, no digamos vacaciones, supo dar a la sociedad, aparte de su trabajo, lo mejor de si misma, sus hijos, los que hoy podemos mirar atrás y agradecerles su infinita paciencia y su recta educación, la que no tuvieron y sin embargo hicieron brillantemente gala. Ésta imagen es el reflejo de una época dura y difícil, y la quiero dedicar a todas las mujeres rurales, para ellas mi respeto y admiración, y muy especialmente para esta: Ana María, mi madre.





domingo, 13 de noviembre de 2011

Hasta el año que viene.


El invierno que todo lo detiene o aletarga, ha hecho mella también  en el Santuario de la Virgen del Campo. El domingo 6 de noviembre cerró sus puertas al público con el recuerdo a los beatos mártires de Vidriales, en una ceremonia de lujo presidida por el mayor precursor para la recuperación de éste templo, D. Víctor Murias, ahora en el cargo de Ecónomo Diocesano del Obispado de Astorga. Como reconocimiento a su labor, al concluir la misa se le hizo entrega de una copia de la imagen de nuestra patrona, obra de José Luis Casanova, y un cuadro con una vista del Santuario, pintado por Juan José Sastre Fernández (Pepín), de Ayoó. En la homilía resaltó una realidad, el carácter comunitario de éste edificio en el valle de Vidriales, como lo fue antaño, gentes venidas de todos los pueblos con un objetivo común, y todos bajo el amparo de la Virgen del Campo. El año que viene pronosticó D. Miguel que ya contaremos con las nuevas campanas, aparte de nuevas obras que poco a poco devuelven esplendor al centro religioso de nuestro valle.







Fértil Prepalacio




Supongo que al visitante de Ayoó le resulte extraño Prepalacio. A mi así me lo pareció cuando vine a este pueblo y encontré ese montón de parcelitas por entonces regadas con el agua de la fuente de la Iglesia, a fuerza de “abrir y tapar” el pilo. Parece que el nombre se remonta a los tiempos del monasterio de Ageo, de una construcción aneja a la Iglesia con las funciones de residencia y nombre de Palacio, y los quiñones se dividieron y repartieron del huerto que rodeaba el edificio, pudiendo tener nombre de Prado, que también tiene como acepción “lugar llano, verde y agradable que sirve de paseo”. Al unir ambas palabras (prado-de-palacio, pra-palacio, prepalacio) dio origen a éste topónimo. En verano es un hermoso jardín, en los diminutos quiñones se pueden recolectar excelentes lechugas, escarolas, cebollas, patatas, tomates… y además, por la cercanía al pueblo y entre sí, lugar de encuentro, comentario y regalo o intercambio de las distintas semillas y plantas de semillero que allí se cultivan. Con tanta armonía, no es extraño que la naturaleza se entretenga en crear extraordinarias hortalizas que parecen más bien obra de artista que de la inocente tierra vivificadora. Gracias a ésta abundancia, hace unos años, cuando en casa no se consumía toda la producción del huerto, lo mejor se solía llevar a vender a los pueblos cercanos, o a los mercados, para compartir, algunas veces presumir, y de paso traer a casa unas pesetas. En una caballería, con un par de talegas atadas con una soga a modo de improvisadas alforjas, cierto agricultor de Ayoó se acercó al vecino pueblo de Uña de Quintana a ofrecer sus pimientos, tomates, fréjoles… y se encontró con más clientes de los que esperaba, pues allí también tenían sus huertos. Sorprendido, preguntó si había sucedido algo, y una señora le contestó más o menos así, lamentándose del resultado de su cosecha.
-¡Claro, vosotros tenéis a San “Mamedico”, que es muy “buenín”!, nosotros tenemos al “cundenao” San “Caetanote”, labios de burro, morros de avispa, que anduvimos nueve días y nueve noches alumbrándolo con cera blanca y cera “mariella”, y nos mandó un pedrisco que nos amoló la “faceira”.

Cundenao- Condenado, que provoca enfado.
Caetanote- Cayetano, Santo venerado en Uña de Quintana el 7 de agosto, al que se le ha añadido el sufijo –ote, aumentativo y despectivo a la vez.
Nueve días y nueve noches- Novena, rezo popular, rogativa.
Mariella (o marilla)- Amarilla.
Faceira- Extensión de terreno inmediata a la aldea, donde están las labrantías de los vecinos.









martes, 1 de noviembre de 2011

Ley de vida





Quizás por el distinto tamaño de las sepulturas, en los cementerios suele haber una zona determinada para enterrar a los niños. En el cementerio de Carracedo era el rincón más sucio y desordenado, totalmente abandonado, por suerte, por lo que varios vecinos decidieron igualarlo y cubrirlo con una capa de hormigón. En las labores de limpieza encontraron una antigua cruz de hierro, de las que se colocaban en la cabecera de las tumbas. Con la proliferación de panteones y nichos, estas cruces se vieron desplazadas a una orilla, o directamente a la chatarra. Agustín Del Prado, uno de los trabajadores voluntarios, se llevó la cruz a casa, la limpió, restauró, pintó, y la devolvió al cementerio, plantándola en la losa de hormigón que hace a modo de gran panteón común para respetar donde algún día hubo entierros infantiles. Hasta ahí todo perfecto. Pero a la cruz, en el espacio para escribir el nombre y edad del fallecido, le añadió un extraño epitafio, un texto en latín y castellano, de Marco Tulio Cicerón: La ley innata. Primero confundido, y después curioso, busqué a Agustín y le pregunté el porqué de aquel escrito. Me contestó que era algo que le gustaba y era para libre interpretación. Posiblemente nadie en Carracedo se haya parado a leer con detenimiento y meditar su contenido, y los que lo hayamos hecho, no estemos preparados para ello. Razonar a cerca de la ley innata, o la ley natural, es complicado por nuestra tendencia a simplificar y resumir. Y es que la presunta inamovible ley ha cambiado tanto como nosotros, la sociedad humana que la interpreta. Superficialmente, podríamos decir que el planteamiento es impecable, pues afecta a todos por igual, sin distinciones de edad, raza, religión, sexo…, y establece conductas correctas para alcanzar el bien común de acuerdo con la naturaleza. Y que también es tan extensa que incluye aspectos comunes con otros seres vivos, como el cuidado de los hijos, de la salud y de la propia vida. Para Cicerón, modelo de hombre culto, extremadamente elocuente, elegante y humano, brillante orador, siempre preocupado por usar términos y expresiones que fomentaran la perfección en el arte de hablar, (murió el 7 de diciembre del año 43 a. C.), la ley natural era “una ley verdadera, la recta razón inscripta en todos los corazones, inmutable, eterna, que llama a los hombres al bien por medio de sus mandamientos y los aleja del mal por sus amenazas; pero ya sea que ordene o que prohíba, nunca se dirige en vano a los buenos ni deja de atemorizar a los malos. No se puede alterarla por otras leyes, ni derogar algunos de sus preceptos, ni abrogarla por entero; ni el Senado ni el pueblo pueden liberarnos de su imperio; no necesita intérprete que la explique; es la misma en Roma que en Atenas, la misma hoy que mañana y siempre una misma ley inmutable y eterna que rige a la vez a todos los pueblos y en todos los tiempos. El universo entero está sometido a un solo amo, a un solo rey supremo, al Dios todopoderoso que ha concebido, meditado y sancionado esta ley; desconocerla es huirse a sí mismo, renegar de su naturaleza y por ello mismo, padecer los castigos más crueles, aunque se escapara a los suplicios impuestos por los hombres" (Del "Tratado de la República"). Esta ley natural e innata, dictada por la misma naturaleza para hacer más llevadera la vida de sus miembros, preside éste pequeño recinto de tristeza y muerte, y además donde los niños, que ni entienden de leyes, dioses, bien ni mal, terminaron su corta existencia. Éste epitafio obliga a una profunda reflexión, en un mundo desnaturalizado, con una sociedad desigual, donde algunos no ven que hacer con la riqueza y otros no saben que hacer con el hambre, un mundo en el que el odio es infinitamente más abundante que el amor y el respeto, en el que todos sin excepción tarde o temprano acabaremos en un lugar así o peor… ¿no será, amigo Agustín, que quien haya fallecido sea tu ley innata antes de haber alcanzado la pubertad? ¡Que difícil puede ser la libre interpretación!.