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lunes, 15 de octubre de 2012

Guillermo y la música.




Hablar de percusión es hablar de historia en mayúsculas, con seguridad el primer y más elemental método de comunicación y de transmisión de sentimientos entre individuos. La madre naturaleza es pródiga en sonidos y ritmos y el ser humano un natural imitador; con solo el golpeteo de los pies, y palmadas, rasgueos o agitaciones con las manos, nuestros ancestros comenzaron a plagiar en los ratos de ocio el concierto universal, enigmático y complejo para su primaria cultura y su inhóspito entorno. La percusión originó la sincronización en los bailes, realizó las primeras llamadas, avisos y noticias en la lejanía, fue indispensable en rituales de magia y religión, o en los preparativos y desenlaces de las guerras, se podría decir que la percusión es el primer legado, los pueblos primitivos no sabrían hablar, y mucho menos escribir, pero seguro que supieron y enseñaron a sus descendientes el modo de golpear para hacer sonar un tronco hueco o de agitar un recipiente con semillas. En Ayoó hablar de percusión es recordar las tardes anuales de domingo que el cielo permitiera en la plaza de la Audiencia o frente al actual ayuntamiento, y las de los festivos que aconsejara el calendario en la cercana pradera de Can Redondo. Allí bullía la música tradicional castellana, presente en la superficie de una botella de anís, en los rasgueos y golpeteos de las panderetas, en el entrechocar de piedras o cucharas, en los ecos de las fenicias castañuelas (1000 A.C.), y en el repiqueteo de la caja, ese tambor de baja altura con bordones en la membrana inferior, y todo ayudado con el característico sonido de la dulzaina, a la par de algunos entonados cánticos y siempre animados bailes. Y si de ayoínos percusionistas hablamos, es inevitable nombrar a Guillermo Alonso, adalid del siglo XX, no solo en nuestro pueblo, también en la contorna, la que recorrió algunas veces andando y muchas a lomos de su bicicleta con la caja que todavía conserva, para amenizar cualquier acontecimiento festivo, siempre acompañado de Benigno Tostón, “Benino el gaitero”, maestro dulzainero, con quien formaba el dúo “los Zamoranos”. Guillermo tuvo diversos oficios, agricultor, albañil, pastor…, y fué precisamente cuidando de sus ovejas cuando, repicando en una lata de sardinas y aleccionado por su excelente oído, aprendió los distintos toques y redobles que le dieran fama y, por qué no, remuneración. Junto a Benigno se ajustaban con los mozos para tocar todos los domingos del año por 400 pesetas. También contrataban bodas, fiestas, y cualquier celebración que precisara de baile, aunque fueran en domingo, ya que a finales de año tenían reunión con los mozos para descontar los días sin música y contratar un nuevo año. Guillermo también es nuestro más conocido campanero, desde muy pequeño fue monaguillo y gustó de repicar las campanas. Precisamente “el tañido del valle”, en el libro “Personas mayores, paisajes eternos”, patrocinado por la Junta de Castilla y León y editado por Villena Artes Gráficas, relata su vida que por no repetir yo no he querido contar, más allá de lo relacionado con el tema de éste artículo, la música. Pues el testigo que Guillermo portó en lo que ha sido toda su vida no ha caído en terreno baldío. Jóvenes promesas Ayoínas comienzan a destacar durante los últimos años en el panorama musical. El espectáculo y la diversión rebosan en los escenarios con Celso López, “Celsito”, guitarra en “Malibú”; o con Roberto Cortés, “Beto”, bajo en “M-30” y en “Escapada”, con temas propios. En ciernes Adrián Pérez a la guitarra, Jorge Pérez en la batería, Irene García con la caja y David García en el bombo, estos tres últimos bajo la tutela de Justiniano Cepeda, “Justi”, antiguo miembro de la Banda de Cornetas y Tambores del Tercio Norte de Infantería de Marina, componen la improvisada banda de tambores que acompaña en Semana Santa la nocturna y apreciada procesión de la Soledad. Quizás Ayoó sea un pueblo pequeño, pero muy grande y rico en historia, tradiciones, cultura popular y como vemos, musical; y la música es importante porque sin excepción hemos nacido en el seno de la música; todos compartimos de nuestro pecho el más importante de los sonidos: el latido de un corazón.




1 comentario:

  1. A ESA BANDA NO LE LLEGAN A LA SUELA DE LOS ZAPATOS NI LOS ROLLING STONES !!!!!
    YO LOS HE ESCUCHADO POCO , PERO EL VECINDARIO CUENTA QUE SUENAN FANTASTICO . ANIMO Y NO PAREIS . LO PROXIMO SERA UN CD EN UMPLUGET .
    UN ABRAZO.

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