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domingo, 17 de junio de 2012

La noche de San Juan




Es bien sabido que el buen tiempo, el calor, produce bienestar, alegría, euforia, incluso hiperactividad. No es de extrañar entonces que el ser humano celebre el solsticio de verano desde que conociera su fecha en los albores de su inteligencia. Es un día mágico, en cualquier cultura, una fiesta natural, de las que pide el cuerpo. El sol nos da vida, energía, y para demostrarle nuestro afecto construimos otro diminuto sol, una lumbre, y la saltamos, del mismo modo que el sol, una minúscula estrella comparada con otras o con la galaxia que la retiene, “salta” en tan señalado día el trópico de cáncer, permanecerá varios días sin moverse (hecho del que recibe su nombre), y a partir de ahí comenzarán a menguar los días y a alargarse las noches. Los antiguos astrónomos lo sabían, nada es porque sí. La hoguera simboliza la purificación, y el ánimo (fallido) para ayudarle a continuar con fuerza. En el calendario, gregoriano y cristiano, concedieron tan insigne fecha a San Juan Bautista (24 de junio, aproximada al verdadero solsticio, que es variable, 20-21; este año es el día 20 a las 23:08 en tiempo universal, una hora más para España). Era hijo de Zacarías e Isabel, sobrino de la Virgen María. Bautizaba a los penitentes para purificarlos, como al mismo Jesús, de quien dicen los evangelios fue precursor, y murió decapitado a petición de Salomé, hija de Herodes. La misma fecha de fiesta pagana, para celebrar todos, como parte de la naturaleza y sin rencor ni protagonismo, el ancestral rito de la hoguera. Os animo a realizarlo, aunque solo sea sobre la llama de una vela, sin supersticiones, que ya somos mayorcitos, sólo como diversión, que si el grupo es bien avenido está garantizada. Desde luego, yo no me la pierdo.












jueves, 14 de junio de 2012

La nuera, la suegra y la prima




Mi esposa, como ayoína tradicional, es una excelente horticultora, con todos los beneficios que esto conlleva, tanto para la cocina natural como para el bolsillo, que también cuenta. Su pasión por las plantas va más allá de los semilleros, quiñones, huertos y parcelas, y como quien se lleva trabajo a casa, la tiene profusamente decorada con las otras, las que no se comen, pero engordan la vista. A veces pienso, celosamente, que a éstas les tiene más cariño que a mí, y entonces me entran ganas de meter los pies en un tiesto y esperar sus mimos. La verdad es que las plantas decorativas aportan, entre otras cosas, dinamismo, color y olor a la casa, y dulce satisfacción a sus habitantes. Una de las últimas en florecer, que nos ha tenido a todos más pendientes que si de un parto se tratara, es una hippeastrum, la estrella del caballero, algo así como una cebolla de la que florecen unas enormes y opuestas flores, en número de dos a cinco, que precisamente por su disposición antagónica se la llama “la nuera y la suegra”. De la de mi esposa han florecido tres: la nuera, la suegra, y un tercer elemento de discordia, la prima (de riesgo), que no se lleva bien ni con las dos anteriores ni al parecer con el resto del planeta (salvo con los especuladores), aunque está en boca de todos que seguimos pendientes de sus puntos. Antaño puntos no había más que cuatro: los cardinales; ahora los tenemos por casi todo, por el móvil, por el banco, por tráfico… y por ésta prima, aunque los suyos funcionan al revés, como los que nos dan en cirugía: tantos más tengamos tanto peor nos habrá ido la operación. Pues yo puntos a esta planta, en una escala de cero a diez, le daría once, me da igual que digan que sus flores no se entienden, solo sé que la mires por donde la mires es preciosa, espectacular, digna de llevar con orgullo aquel famoso lema de la medalla de la madre: “dar mucho, pedir poco”, porque sabe regalar a los cuatro vientos su belleza y elevar su rincón a la categoría de “el rincón”. Hablando de puntos, otros once para mi esposa, por encontrar tiempo para dedicar a sus amadas.





martes, 5 de junio de 2012

Ahora que vamos despacio...



Siempre creí que el dinero se contaba según la aritmética, o sea, 1 euro mas 1 euro hacen un total de 2 euros, y el 10 por ciento de 100 euros son 10 euros. Parece ser que no, que estas operaciones terminaron obsoletas y desfasadas. Yo no digo ni si ni no, que soy parvulito en ésta rama de las matemáticas, yo sigo tocando los dedos que mi buen trabajo me cuesta hacer presupuestos, gastar menos de lo que gano (ahorrar, por si las moscas), en resumen administrar, junto con mi esposa, nuestro hogar. Y benditos dedos, porque así “vamos tirando”, como dicen en la fábrica de cohetes. Para guardar los ahorros existen al menos dos métodos: el calcetín escondido debajo de una teja, fiable y cómodo, y los banqueros, que últimamente se esmeran en parecerse a Alí Babá y pertenecer a su cuadrilla. Porque mientras algunos nos partimos el espinazo de sol a sol, haciendo cábalas para vivir con algo de dignidad, a base de trampas, comisiones, intereses ridículos, etc., sus directivos se reparten multitud de millones de euros, aunque acaben de mandar su empresa al carajo o se jubilen precipitadamente para que ingrese otro nuevo gestor con derecho de pernada. Y no pasa nada, porque luego interviene papá estado con el dinero de todos, para que no se pierda el dinero de todos, para al final dejar a todos sin dinero. Pues vale. Lo grave del asunto es que nos tienen atrapados en vil ratonera, hay montones de gestiones y pagos que hay que hacer a través de ellos, tanto queramos como si no, no es como cuando no te gusta el pescado, que no pisas la pescadería. Y ahora viene una entidad con representación local, renovando las matemáticas, y promete a bombo y platillo, por televisión, prensa y radio, y para más INRI, sobre los cristales de su establecimiento, que están orgullosos de cobrar “hasta un 230 por ciento menos en comisiones que la competencia”, además como por decreto divino. Yo esto no lo entendía, que los dedos solo me alcanzan a restar hasta el 100 por 100, así que contacté con mi amigo David de Santibañez, profesor de matemáticas http://nosolomates.es/, para que me lo explicara, y así lo hizo de bien: http://nosolomates.es/?p=788 Supongamos, para hacer las cuentas sencillas, que la competencia cobra un euro de comisión, que pondremos en céntimos para que sean 100. Entonces, un 20% son 20 céntimos, un 50% son 50 céntimos y un 37% son 37 céntimos. Sencillo, ¿verdad? Pues bien, un 50% menos es la mitad menos, así que nos cobrarían 50 céntimos. Un 80% menos es un descuento de 80 céntimos y nos cobrarían 20. Un 100% menos, sería el total menos, es decir, que no nos cobrarían nada. Y, efectivamente, un 230% menos son 230 céntimos menos, es decir, 2’30€ menos (Recordemos que la competencia cobraba 1 euro). Si hacéis la cuenta, la única manera de que esto sea posible es que nos paguen 1’30€, en vez de cobrarnos. Podéis ir a la oficina y preguntar si os dan dinero por las comisiones. Ya os adelanto yo la respuesta: NO. De modo que el anuncio es, sencillamente, mentira. O eso, o el nivel de matemáticas de los banqueros ha decaído tanto que ya no entienden ni los tantos por ciento… O sea, que más que por gracia de Dios, el tema está entre diablillos, y ahora que se ralentizan las finanzas siguen al pié de la letra la de aquella vieja canción popular… “Ahora que vamos despacio, vamos a contar mentiras, tralará”. Y hay bastantes más absurdos, como EVO banca inteligente, que promete en su anuncio que el dinero que no gastas se ahorra automáticamente. Eso no es inteligente (inteligente sería que ellos se quedaran con todo), eso sencillamente es… obvio, y ya decía un proverbio árabe, que si lo que vas a decir no es más bello que el silencio… ¡cállate! Cada día entiendo mejor a mi padre, cuando porfiaba que el dinero debería ser como las patatas y servir para un solo año. Visto lo visto, ¿sabéis lo que os digo? 
¡QUE VIVA EL TRUEQUE!



sábado, 2 de junio de 2012

El efecto torcecuellos






Dice un proverbio chino, que el aleteo de las mariposas se pueden sentir al otro lado del mundo. Seguro que Edward Lorenz, meteorólogo y matemático estadounidense, conocía esta máxima cuando acuñó el término “efecto mariposa”, que enunció así: Cuando una mariposa bate sus alas, en el lado opuesto del mundo se crea un tornado. Esto no es rigurosamente cierto, pobrecitas mariposas, lo real, a grosso modo, es que pequeños cambios en un sistema pueden tener un resultado complejo y errático. Pues si me permitís invertir esta famosa teoría, algo muy gordo ha tenido que suceder al otro lado del planeta para que un precioso pájaro, un torcecuellos, abandone su hábitat natural, y venga a Ayoó a estrellarse contra el cristal de una ventana, tratando de introducirse en el interior de una vivienda. El desgraciado murió en el acto, y se libró de las fauces de algún espabilado gato, y de pasar totalmente desapercibido, sólo porque el dueño de la casa oyó el choque, y salió a ver la causa del ruido en su ventana. Yo nunca había visto ninguno, y lo mismo me contestaron quienes pregunté, fue una guía de campo y después Internet quienes nos sacaron de dudas. El torcecuellos es un pájaro carpintero, familia de los cucos, que éstos si abundan en nuestros montes, y aunque se les ve poco, se les oye perfectamente a largas distancias. Su plumaje es parecido al del engañapastores, perfecto para el camuflaje, y su tamaño es bastante menor. Come insectos, principalmente hormigas; en nuestra zona desarrollaría una importante labor de limpieza de plagas, pero por desgracia no es autóctono, y éste podría estar extraviado, alejado de la ruta de migración. También podría ser que algunos “defensores de la naturaleza”, con sus delirantes sueños maternales, (tema en tintero, bastante maduro), hayan soltado algunas parejas para poblar, que no repoblar, nuestros campos y montes. O también que su insólita muerte sea fruto del extraño comportamiento que padece nuestro planeta, propio de un estado de demencia; el clima se ha vuelto inestable y yo diría respondón. Por ejemplo, la sequía y el calor del pasado… ¿invierno? nos comienzan a pasar factura. Nuestra querida fuente de la Iglesia está dejando de manar, no quiero ni pensar lo que podría ocurrir al otro lado del mundo, como profetizaba Edward Lorenz con su “efecto mariposa”… ¿otro tsunami?