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sábado, 23 de febrero de 2013

¿Publicar o borrar?


Las máquinas son monstruos crueles carentes de sentimientos. En poco tiempo de sus garras metálicas hemos visto el destrozo en una de las zonas más románticas de nuestro pequeño pueblo… pueblo. Primero fue la agónica fuente de la iglesia, icono ayoíno ya del pasado, saciadora de secaños, colmadora del pilo, regadora de todo Prepalacio y alimento de costumbres, como las de detenerse ante los caños para lavar manos y cara, aunque estuviesen limpias, beber sin sed, admirar su continuo correr y salpicar, o zambullirse en sus aguas almacenadas por la fiesta de San Bartolo. Las máquinas actuaron a sabiendas de atentar contra la estética y la indulgencia de todos respecto a la figura y composición de la no tan vieja aguadora. Un frío e inexpresivo muro de hormigón recogió el mismo manantial y lo deposita en el mismo sitio, pero todos sabemos que ya no es lo mismo, y que tardaremos en cogerle cariño, si acaso acaba mereciéndolo. Ahora acaba de caer su vecina, la valla pétrea de la huerta del cura, la que lucía una melena de tupida hiedra que cada año un vecino se preocupaba de recortar para parecer, consiguiéndolo, más esbelta y hermosa. Otra máquina hundió sus fauces en tan frágil cerramiento, levantado con las piedras acarreadas desde la sierra o la peña, barro de los alrededores de nuestras cuevas, pajas trilladas en las eras y amor de canteros. Nulo esfuerzo actual para tanto sufrimiento y sudor pasados, claro ejemplo de la ley del embudo. Siento ambas pérdidas, el entorno de nuestra iglesia con este par de obras cambiará demasiado, para mi gusto no para mejor, y es solo una opinión parcial, coaccionada por el respeto y la pasión que me ha infundido la construcción tradicional. Ninguna necesidad aconsejaba estos cambios, quitarle a un pueblo sus cosas de pueblo es como quitarle el color a la leche. La fuente nueva será copia de otras fuentes…, la antigua era más o menos bonita… pero única y original, y ahí está el valor que se fue por el desagüe y a la escombrera. La valla de piedra estaba torcida, la puerta rota, en el huerto reinaban las zarzas… pero pienso que quizás algunas veces deberíamos dejar de modernizar lo natural, o acabaremos con la naturaleza. ¿Una plaza?, ya tenemos y no necesitamos más, ¿un jardín? para eso no hacían falta destrucciones, ¿un parque? lo tenemos y no usamos, porque vivimos rodeados de uno, enorme y maravilloso, que es el pueblo que queremos convertir en… no sé qué. A fuerza de querer presumir acabamos confundiendo, y cuando a nuestro pueblo le hayamos cambiado estas cosas, dejará de ser pueblo para tampoco ser ciudad; perdiendo su identidad. Llamadme retrógrado, antiguo, enemigo de actualizaciones y modernidades, pero es que si quisiera vivir entre asfalto y edificios de acero y cristal no viviría en Ayoó, tengo que decirlo, este querido pueblo. Las máquinas, decía, no tiene sentimientos; su corazón permanece frío hasta que una chispa lo despierta en medio de un trueno, para que sus venas recobren la abrumadora energía del fluido hidráulico. Luego la destrucción… y de nuevo el frío. Quien sabe, si de tener sentimientos y potestad algunas veces no aportarían su objeción de conciencia para evitar tanto estrago y cicatriz. Perdón, hoy estoy tan triste como el día, lluvioso, y mi blog ha querido escucharme. A lo mejor en lugar del botón de “publicar” el correcto hubiera sido “borrar”, y a lo peor pronto lo haga. En fin, adiós fuente de piedrecitas de cuarzo, adiós huerto del cura, y si no queda más remedio… bienvenido, don hormigón.
P.D.- Es cierto, demasiado sentimentalismo; mañana seguro que lo veré de otra forma. Ánimo con los cambios; decía Buda (-600 a. C.) que "Siendo reconocido que las cosas han de transformarse, todavía hay quienes se aferran a ellas...", parece ser que hablaba de mi…



sábado, 16 de febrero de 2013

Carnaval y ceniza


Un poco de historia para completar el artículo anterior: el diccionario etimológico castellano e hispánico del filólogo Joan Corominas apunta la posible procedencia de la palabra “carnaval”: “carnelevare”, compuesta de “carne” y “levare” (quitar), por ser las últimas fiestas antes del inicio del ayuno en la cuaresma. Ésta se estableció en el siglo IV como espacio de 40 días similares a los que pasó Jesucristo en el desierto, y como homenaje era aconsejable el ayuno y la abstinencia. Pero a partir del siglo VII se excluyeron los domingos por ser días festivos y por tanto permisivos. Actualmente, la Cuaresma son los 40 días que van desde el Miércoles de Ceniza al Sábado Santo, sin contar los 6 domingos, que pronto adquirieron los nombres que recogiera la copla que las memorias, también las ayoínas, han portado hasta el día de hoy: “Ana, Susana, Suseca, Rebeca, Lázaro, Ramos, y en pascuas estamos”. En el siglo XI la Iglesia Católica comenzó a imponer la ceniza, como símbolo de muerte, para recordar lo efímera de la vida e invitar a la reflexión. Durante la ceremonia las frases han ido cambiando, los mayores recuerdan aquella curiosa de “polvo eres y en polvo reverteres”, (del latín  Pulvis es, in pulverí reverter is, (Gn. 3,19)). Pero hablando de reflexiones religiosas, me gustaría invitar a una, extensible también para los laicos, basándome en las palabras de Carl Sagan, incuestionable científico y divulgador de los últimos conocimientos sobre el cosmos que nos acoge y envuelve. Si ciencia y religión en muchos temas no son afines, su conclusión sobre los siglos de estudio del universo es cuanto menos asombrosa: “...Y entonces, un día, llegó una criatura cuyo material genético no era muy diferente de las estructuras moleculares reproductoras de cualquier otra clase de organismos del planeta, que dicha criatura llamó Tierra. Pero era capaz de reflexionar sobre el misterio de su origen, de estudiar el extraño y tortuoso sendero por el cual había surgido desde la materia estelar. Era el material del Cosmos contemplándose a sí mismo. Consideró la enigmática y problemática cuestión de su futuro. Se llamó a si mismo humano. Y ansió regresar a las estrellas”. Podríamos definirla como la forma poética de la teoría de la panspermia, que explicaría el nacimiento de la vida en la tierra, relegando a la vida en sí, a la maravillosa naturaleza viva, a mera contaminación interestelar. Para mi es tanto como decir “solo sé que no sé nada”, del viejo sabio Sócrates, aunque también añade otra famosa frase: “somos polvo de estrellas”, (curiosamente, y he aquí el objeto de meditación, nuestro “polvo eres…”). Volviendo al martes de Carnaval, otra tradición manda en su mañana a participar uno de cada casa en trabajos comunitarios, en las “yeras” (antes se hacía al toque de las campanas). Limpiezas de regueros o terrenos comunes, fuentes, podas de árboles, plantaciones, riegos de praderas, etc, a cada participante se le asigna un trabajo o una medida, la “varada”, que deberá cumplir bajo la supervisión del alcalde/alcaldesa o de un concejal. Como premio, por la tarde un tino de escabeche, pan y vino se reparten en el bar del ayuntamiento. Algunos, que no podemos cumplir la tradición de los trabajos ni acudir a la tarde al bar, nos juntamos para cenar el escabeche en el día que no sé porqué, mejor sabe. Al menos nos lo parece.










domingo, 10 de febrero de 2013

Soy yo... ¡carnaval!


A un tiro de piedra de Vidriales, en la vecina La Bañeza, se desarrolla una de las fiestas importantes en España, como acredita su declaración de Interés Turístico Nacional, el Carnaval de La Bañeza. Famoso por su discurrir colorista y divertido, sin rivalidades ni competencias por no haber premios para los participantes; famoso por su bullicio y descontrol callejero y también por saltarse la prohibición expresa de su celebración durante la dictadura franquista. El 3 de febrero del 37 se publicó un bando para “aconsejar un retraimiento en la exteriorización de las alegrías internas… …éste gobierno general, ha resuelto suspender en absoluto las fiestas de carnaval”. De poco sirvió, los bañezanos siguieron saliendo a la calle, si no podían disfrutar de esas fiestas tendrían otras, “las Fiestas de Invierno”, que serían las mismas pero con distinto nombre; eso si, pendientes de los “civiles”, para salir por piernas en caso de encontrárselos haciendo vigilancia. También es de mención que casi siempre hicieron la vista gorda, y así se acuñó la expresión tan bañezana de “correr el carnaval”. Este año comienza el 8 de Febrero, con el Viernes Tranquilo, fiesta de las agrupaciones, en las que destaca el grupo “los Tranquilos”; el día 9: sábado de chispas, pregón del carnaval, proclamación de la musa del carnaval 2013 y exhibición de tocados; el domingo 10, desfile-repetición de los disfraces del martes del año pasado; el lunes 11, carnaval infantil y a partir de las 12 de la noche comienza la Noche Bruja; el martes 12 es el gran desfile, con más de 60 grupos previstos y otros muchos que van por libre; y el miércoles de ceniza se celebra el Entierro de la Sardina, sonoro cortejo fúnebre rodeado de “lloronas” que termina en la Plaza Mayor, donde “el Corvillo” recita coplas, unas populares, otras anónimas, críticas con situaciones o personajes populares. Hoy domingo la tarde estuvo desapacible, muy fría. Incluso nevó un poco. Pero nada pudo con el desfile, quizás lo pasáramos peor los muchos espectadores que a pié firme aguantamos el paso de los grupos y charangas. Los termómetros callejeros marcaban 1 grado, con viento, por lo que la sensación térmica fue de inferior temperatura. Nada que no se arreglara luego con un chocolate y los famosos churros bañezanos. ¿El espectáculo?, genial, muy trabajado, os dejo algo de un todo que describe perfectamente una frase de Delmira Agustini: "Frufrúes, tintines, sedas, cascabeles, collares de risas, chillidos alegres. ¿Quién es? ¡Adelante!
 Soy yo... ¡Carnaval!"
































lunes, 4 de febrero de 2013

Santa Brígida y los renoberos




Me fascinan los rompecabezas. Os presento uno que doy por completado, aunque se podría hacer tan extensible que necesitaría mil veces este espacio para exponer la cantidad de acepciones, lugares e interpretaciones relacionados con el tema; yo solo adelanto mi resumen, y lo que está más relacionado con nuestro cercano entorno, por tanto, lo que nos atañe e importa. Principiamos: La primera pieza es una tradición celebrada en Ayoó, la que me dio un susto de muerte el mismo día que la conocí. Era una media noche de invierno, en la que no recuerdo el motivo, pero me adelanté a ir a dormir. Con algo que leer en las manos, oí las campanas sonar con insistencia. Eso significa poco bueno, por lo que me tiré de la cama, puse a toda prisa la ropa y salí a la calle en busca de un resplandor. Al no ver nada extraño, bajé a la calle de la Iglesia en busca de personas alteradas que me explicaran que sucedía, y la tranquilidad era absoluta, aunque las campanas seguían a todo trapo. Volví a casa, (por ahí tenía que haber empezado), y entonces me explicaron que no pasaba nada, que era Santa Brígida. ¿?. ¿A las doce de la noche se tocan las campanas sin oficio religioso, problema o aviso, sólo por ser Santa Brígida? Busqué entonces la segunda pieza en el santoral, y la santa que incita al alboroto nocturno tiene poca o nula representación en los retablos españoles, se trata de Santa Brígida de Kildare, o de Irlanda, que nació en el año 451, hija de un rey pagano y una esclava cristiana, y fundó el primer monasterio mixto de Europa. Murió en 525 y fue declarada patrona de Irlanda. ¿?. La tercera pieza que uniera las dos anteriores traté de encontrarla en la sabiduría de nuestros campaneros. Por desgracia ninguno de ellos me ha dado mayor explicación que la continuación de la tradición heredada de los mayores. Una cuarta pieza la encontré en Congosta, donde también se repite el toque nocturno, aunque dicen que es “para echar a enero fuera”. ¿?. Pobre enero, qué mal habrá hecho para despedirlo con tanta algarabía. Aunque también me hablaron de ciertos “renuberos”, que asociaron con los sapitos que parecen corretear contentos por el suelo tras el paso de una fuerte tormenta veraniega, quienes la leyenda arroja desde las nubes. Esto comienza a cuadrar. Para la quinta pieza salté lo que llaman las últimas estribaciones del Teleno, la sierra de San Félix, en el pueblo que le da nombre, donde hace pocas décadas también había sesión musical, y allí encontré los “renuberos” de Congosta con el ligero matiz del viejo hablar leonés: “reñubeiros”, también relacionados con las tormentas, a los que acusan además de deformes, porque dicen, o mejor, decían “eres más feo que un reñubeiro”. Para seguir visualizando el rompecabezas aportaremos la descripción de los “renoberos”, (nuestros “renuberos”), seres malignos que habitan en las nubes, amasadores de granizos, fabricantes de tormentas, y por tanto enemigos acérrimos de los agricultores y ganaderos de una vasta zona que comprende el éste de Galicia, (allí son “nubeiros”), sur de Asturias (nuberus) y norte de León (renoberos), lugares donde el primer día de febrero se tocaban, o tocan las campanas con el convencimiento y la esperanza de persuadir y alejar a esos seres perversos y así proteger sus bienes. Más curioso es el origen, el motivo de relacionar precisamente a Santa Brígida, 1 de febrero, con agricultura y ganadería. El nombre Brígida es celta, Brigid, divinidad femenina, quienes la asociaban al fuego, a las montañas y a cualquier estado considerado elevado como la inteligencia o la perfección. Los celtas celebraban equinoccios y solsticios, y sus cuatro intermedios: a grandes rasgos, el primero de febrero “Imbolc”, celebración de purificación; el primero de mayo “Beltaine”, que marcaba la llegada del buen tiempo, con el encendido de hogueras para hacer saltar sobre ellas los ganados y librarlos de enfermedades; el primero de agosto “Lughnasad”, comienzo de las cosechas y celebración de torneos y juegos; y el primero de noviembre “Samhain”, su año nuevo, día que dedicaban a sus muertos y espíritus. Vemos pues algunas importantes fiestas paganas cristianizadas, Santa Brígida, purificadora; San José Obrero, fiesta del trabajo; y Todos los Santos, con su contenido funerario y últimamente la pagana fiesta de Halloween. Volvemos a remover la quinta pieza para que acabe todo de encajar, la de San Félix de la Valdería. Allí dicen que la noche de Santa Brígida se hacen hablar las campanas, que, (egoístamente), para alejar las nubes lanzan los gritos de:
A los montes de Toledo, que no hay trigo ni centeno;
a los montes de Granada, que no hay trigo ni cebada.
Y en las casas rezaban con fervor la jaculatoria:
Santa Brígida bendita,/ tu que estás en los cielos,
líbranos de los pedriscos/ que tiran los “reñubeiros”
Resumiendo, esta tradición es un ejemplo de sincretismo, la mezcla de culturas y religiones, es la preocupación de los diversos pueblos de la antigüedad a sentirse solos y desamparados, y la búsqueda o el mantenimiento de ritos ancestrales confiando a lo mágico sus mejores bienes. Ahora ya no creemos en “renobreros”, y está de moda el laicismo; no importa, sé que seremos muchos los que continuemos con los ritos aunque solo sea por respeto a nuestros antepasados y sus herencias. Ésta, en concreto, me encanta. Rompecabezas solucionado.