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jueves, 28 de marzo de 2013

Ante Ti, buen Jesús


ANTE TI, BUEN JESÚS

¿Que hemos hecho con el bueno,
el seguido y admirado,
Rey de reyes proclamado,
y acosado por su pueblo?
Torturado en escarmiento,
sin argumentos juzgado…
¡y por nos la vida ha dado!
 …sabia lección del maestro.
¿Dónde está el remordimiento,
o el motivo de tal pago?,
Él, que nos tendió la mano
la ensartamos con un hierro.
¿Qué lo mantuvo sereno?
Como ese perro apaleado,
cuando se humilla ante el amo,
bajo el palo queda quieto.
¡Que dolor y desconcierto,
el de la madre que ha estado
contemplando al desgarrado,
ese hijo que llevó dentro!
Y Él, amarrado al madero,
empuñando gruesos clavos
y con los pies destrozados,
perdona mirando al cielo.
Ante ti, doliente muerto,
siento el daño causado,
eres Tú, mi admirado,
buen Jesús, el Nazareno.

ETJ






lunes, 25 de marzo de 2013

Domingo de Ramos Ayoíno


Un viejo refrán castellano dice que “para ser el año verdadeiro (verdadero), las Navidades al sol y las pascuas al fumeiro (en la cocina, a la lumbre). Este año los augurios son buenos; incluso se están cumpliendo también los de “febrero nevoso, marzo airoso y abril lluvioso, sacan a mayo florido y hermoso”; y, por desgracia, el de “en la semana de Ramos lava tus paños, que en la semana de Pasión podrás o no”. Estamos pues en Semana Santa, y llueve. Como dice el nombre, semana dedicada a múltiples actividades religiosas, (que solo detiene el agua de lluvia); comienza el Domingo de Ramos con bullicio, se entristece con solemnidad el Jueves y finaliza en un suspiro el Domingo de Pascua. Por supuesto que todo esto espiritualmente hablando, exclusivo para quienes disfrutamos de nuestra libertad religiosa. Semana de vacaciones, los pueblos se llenan y se vacían algunas ciudades. Semana de carretera, de desplazamientos, y de extremar la precaución, que en el destino esperan los gestos de afecto y la compañía de los seres queridos. En Ayoó, como todos los años, completa programación religiosa. Procesiones, culto, cánticos, ritos… y para quienes “pasan”, y el pueblo les pudiera parecer aburrido, (creo que solo se aburre el que quiere), decirles que en poco más de una hora de reloj, lo que sería un normal desplazamiento urbano pero sin aglomeraciones ni atascos, se llega a León o a Zamora, en la mitad de tiempo a Sanabria, Benavente, La Bañeza o Astorga, en la cuarta parte de tiempo a La Cabrera, al Tera, la Valdería o a los valles de Benavente para encontrar todo tipo de distracción u ocio, y andando a cualquier punto de nuestra extensa y natural periferia, para disfrutar de lo que algunos llaman “descanso y contemplación”, que también me parece necesario. Hoy es Domingo de Ramos y amaneció con lluvias intermitentes. A la una del mediodía el cielo nos concedió una tregua para nuestra particular procesión y recreación del paso de La Borriquilla. En la plaza ramos de olivo, de laurel, de romero… “ramas cortadas en el campo”, y sobre un burro la escenificación del hecho escrito con cinco siglos de antelación por el profeta Zacarías: “He aquí que tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna." (Zacarías 9:9). El pueblo de Ayoó revive la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, como relata el Evangelio de San Marcos: ”Cuando Jesús y los suyos iban de camino a Jerusalén, al llegar a Betfagé y Betania, cerca del monte de los Olivos, les dijo a dos de sus discípulos: "Vayan al pueblo que ven allí enfrente, al entrar, encontrarán amarrado un burro que nadie ha montado todavía. Desátenlo y tráiganmelo. Si alguien les pregunta por qué lo hacen, contéstenle: El Señor lo necesita y lo devolverá pronto". Fueron y encontraron al burro en la calle, atado junto a una puerta, y lo desamarraron. Algunos de los que allí estaban les preguntaron: "¿Por qué sueltan al burro?" Ellos le contestaron lo que había dicho Jesús y ya nadie los molestó. Llevaron el burro, le echaron encima los mantos y Jesús montó en él. Muchos extendían su manto en el camino, y otros lo tapizaban con ramas cortadas en el campo. Los que iban delante de Jesús y los que lo seguían, iban gritando vivas: "¡Hosana! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Bendito el reino que llega, el reino de nuestro padre David! ¡Hosana en el cielo!". (Marcos 11, 1-10). He visto sonrisas en la plaza, y me alegro, era precisamente nuestra intención; la alegría y la formalidad nunca han estado reñidas. Y no me cansaré de recordar en los agradecimientos a nuestros párrocos D. Miguel y D. Felipe, a Adrián, Celso, Jorge y Roberto por dedicarnos su tiempo, al pueblo en general por su participación y a la Casa Rural El Molino de Congosta, por prestarnos amablemente a “Bustamante”, noble burro como el que hace 20 siglos portara a Jesús entre ramos en la ciudad de Jerusalén. Broche de oro para una bonita mañana.







domingo, 17 de marzo de 2013

¡Vaya valla!



No se les llama precisamente “valla”, pero queda bien como título para este artículo. Por aquí les decimos “la tapia”, o “la pared del huerto”. Son cercados con materiales autóctonos que envuelven nuestros pueblos, más con el objeto de división y abrigo que el de protección. Sus viejos constructores buscaban la economía y la durabilidad en estas modestas obras, sin importar la estética, y para ello usaban piedras asentadas con barro, piedras “secas” (sin aglutinante alguno), terrones de césped o tierra apisonada (tapia) o un poco de todo. Al alcanzar la altura estimada, para protegerlas de lluvias y nieves, las coronaban con “la barda”. Ésta se construía de varias formas, sobre piedras planas y delgadas llamadas “rafalas”, o sobre un lecho de ramas de urz transversales, con unos ordenados terrones de césped colocados al revés, con la raíz hacia arriba; o sólo con “rafalas” o tejas. Terminaba de cerrar el recinto una improvisada puerta, creada con maderas desechadas para otros fines. La cerradura, y terminamos el huerto, un tranco o una cuerda, que ya dice el proverbio chino: “La puerta mejor cerrada es aquella que puede dejarse abierta”. Dicen que los huertos nacieron en el neolítico de la mano de las mujeres. Al lado de sus viviendas, mientras los hombres salían a cazar o pescar (o a sus cosas), sus compañeras, previsoras, cultivaron primero cereales y después verduras, legumbres y hortalizas. Esto poco ha cambiado en nuestros pueblos. Ellas (normalmente) siguen siendo las directoras de ese complicado mundo de parcelitas para semillas, parcelitas para trasplantes, parcelitas para “pronto”, las otras para “luego”… ellas siguen los rituales de visitas, riegos, entresaques, préstamos, comentarios… y ellas se llevan a casa orgullosas los apetitosos manjares que vieron nacer y crecer bajo sus cuidados y mimos. Me avergüenza decir que en los últimos años algo está cambiando en nuestros huertos, el respeto de algunos por los bienes ajenos comienza a ser un bien escaso y totalmente reprobable. Para ellos mi deseo: “Mal haya a quienes profanen este santuario a la fecundidad. Mal aprovechen hurtos y destrozos que no valen más que la calderilla de los bolsillos, pero se llevan consigo amor de cuidadora “madre” y las ofrendas para su otro recinto sagrado, la cocina de su familia. Lo que con cariño donaren, con odio maldicieren; y no con poca razón, porque cuán fácil se deja querer la tierra y que desagradecida parece la mano que roba y alimenta. Amén”











viernes, 8 de marzo de 2013

Mitos rurales


Aunque parezca mentira, es muy común la zoofobia, el miedo a los animales concretos, no por el daño físico que pueda causar el encuentro con ese animal, si no miedo a ese enfrentamiento, miedo al miedo. A casi todos nos dan miedo, o por lo menos repelús, las serpientes, o los sapos, las arañas, los ratones…, o algún otro animal, que aunque sabemos que no nos van a hacer daño nos cuesta mantenernos serenos compartiendo local, o cercanía. En nuestra comarca, y casi en el resto del país, todos son prácticamente inofensivos y beneficiosos, para nosotros y para el ecosistema del que formamos parte, perfectamente autorregulado, en el que la carencia de alguno disparará las poblaciones de otros provocando plagas y descontrol de funciones que disminuirán la calidad del medio ambiente. Estas bondades son distintas en otras variedades y en otros países, hablaríamos de portadores de venenos extremadamente tóxicos, y mortales en la mayor parte de los casos. Por ejemplo, una “inocente” ranita (rana dardo) es el animal más venenoso, y en lo posible necesario de evitar, del mundo; por fortuna tampoco habita en nuestra península. La sabiduría popular mitifica y exagera los efectos de los ataques de nuestros convecinos. He reunido algunos dichos, pareados para mejor recuerdo, oídos por estos pueblos; el primero dice así: “Si la víbora oyera, y el liso viera, no existiría el hombre sobre la tierra”. La víbora no suele causar graves problemas en personas sanas, si son atendidas correctamente, de todas formas es el peor caso en la lista y muy raramente llega a ser mortal. Su primera reacción es la huída, y sólo en el caso de verse acorralada atacará; el “liso” es un inofensivo eslizón, de la familia de los lagartos, que come orugas, grillos, babosas, saltamontes, arañas… carente de veneno y en peligro de extinción; se suelen ver por Prepalacio entre la hierba. Segundo dicho: “Si te pica un alacrán no vuelves a comer más pan”. Por alacrán se conocen dos animales distintos, el escorpión y el alacrán de agua. En la península ibérica existen 5 variedades de escorpiones; el más peligroso es el Buthus Occitanus, de picadura dolorosa pero no peligrosa, (yo conozco dos casos que no precisaron tratamiento), y los demás producen picaduras similares a abejas o inferiores. El alacrán de agua es una chinche acuática inofensiva, con patas anteriores prensiles y un sifón trasero que utiliza para respirar, de ahí su parecido al escorpión. Tercer dicho: “Si te pica una salamanquesa, coge el pico y la pala y vete pa la puerta de la iglesia”. La salamanquesa es de la familia de las lagartijas, un reptil con escamas, aunque creo que el dicho se refiere al tritón, anfibio, de la familia de las salamandras. Ni la salamanquesa ni el tritón “pican”, ni envenenan sus mordiscos, si pudieran darlos. Cuarto dicho: “Antaño me mordió el sapo, y hogaño se me hinchó el papo”. A los sapos se les sataniza, desprecia y mata aunque en cada jardín debiera haber unos cuantos para el control de los insectos. Su piel contiene toxinas, que darán un buen dolor de barriga a un posible predador. Por nuestra zona a ese “veneno” se le llama “cogío” y realmente son totalmente inofensivos y beneficiosos. Quinto dicho: “Si te pica una salamandra, a la puerta tienes las andas”. Las salamandras son, de la lista, mis preferidas; además de anfibios muy sensibles a la contaminación, así que si os la encontráis en una fuente indica que las aguas son de buena calidad. No “pican”, porque no tienen aguijón ni colmillos y tampoco veneno alguno. Su nombre, seguramente, es persa y compuesto por “sam” (fuego) y “andarūn” (dentro) y tiene que ver con otro mito, el de vivir entre el fuego y su poder de extinguirlo. En el Renacimiento se vendía un producto llamado “lana de salamandra”, con dos cualidades, ignífugo y extremadamente caro. Los comerciantes ocultaban su verdadera procedencia, el amianto, para elevar el precio por relacionarlo con la salamandra y su fantástica facultad. Aunque la verdadera y la más importante sea la misteriosa capacidad de regenerar los miembros amputados, es el único vertebrado con este don, y además sin cicatrices. Todos estos inocentes animalillos viven en torno a nuestros pueblos, y los dichos exageran, pero también sirven, o sirvieron, para preveer y educar. Con ellos, de niños, aprendimos técnicas de prevención de posibles problemas. A nadie se le ocurría, por ejemplo, meter la mano debajo de una piedra que estuviera fuera del agua, o tentar a un animal sin haber repasado mentalmente la lista de mitos. Nos enseñaron que los animales no son juguetes para manosear, encerrar o torturar; son seres, hijos como nosotros de la naturaleza, que se deben de tratar con precaución y respeto. Recuerdo que de niño nos hacían meditar con aquella pregunta… “¿a ti te gustaría que te hicieran lo mismo?”. Claro que no, y sin más explicaciones conocimos el límite de la convivencia y el valor de la tolerancia. Decía que las salamandras son indicadores de alta calidad medioambiental. ¿Sabéis? en Ayoó abundan. Esta la encontré a la puerta de casa, le hice unas fotos y la dirigí al lugar pedregoso de donde salió tras unos días borrascosos; en eso se parecen al arco iris, para poder gozar de su compañía,
 primero hay que soportar la lluvia.





viernes, 1 de marzo de 2013

Al ti Joaquín.com




El pasado día 25 fue especial para éste vuestro blog. Se cumplían 3 años desde aquel aparentemente lejano febrero del 2010, en el que tímidamente salía a escena mi afición por la divulgación de estas cosas de nuestro pueblo y su contorna. Para conmemorar la fecha, he guardado un regalo de un amigo, la visión que tiene sobre mi persona y forma de actuar desde la perspectiva de la poesía, esa que a veces se muestra extraña y a veces metafórica, pero siempre hermosa. Gracias a todos por estar ahí, y particularmente… ¡Gracias, Emilio!


AL TÍ JOAQUÍN.COM

En tierras de La Valdería,
de la provincia de León,
Calzada tiene por nombre,
el pueblo donde nació.

Es de la raza cazurra,
erudito, noble y con garra,
y hasta el mismo rey Ordoñez,
en sus huestes deseara.

Con el devenir del tiempo,
a Zamora se traslada
y buscando nuevos amores,
en Ayoó de Vidriales se casa.

En Vidriales se establece,
realizando diversas artes,
destacando la albañilería,
que es su oficio de base.

En ella, como ninguno,
no hay nadie que le adelante,
y en sus obras con destreza,
deja su firma flamante.

Destaca en muchos campos,
por su entrega y gallardía,
pero también sobresale,
en las letras, literatura y poesía.

En internet y su blog,
" el tijoaquin.com ",
periódicamente edita,
interesantes artículos,
romances y poesías,
ensalzando nuestras tierras,
de Vidriales y La Valdería.

Es tanta la concurrencia,
que  a su blog se avecina,
que se quedan sorprendidos,
por su sabia y valentía.

No hay nada que se le oponga,
en destreza y en bravía,
es el primero en las artes,
las  letras y la albañilería
y cómo no, en la Iglesia,
para ayudarla e imaginería.

Por todas estas virtudes,
y otras muchas que escondieres,
hoy te proclama tu amigo,
" señor de los vidrialeses ".

EMILIO LÓPEZ FERRERAS