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miércoles, 8 de enero de 2014

Desde el Lugar Sagrado...


Aunque la arqueología es un disciplina que, como muchas otras, exige años de estudio y titulaciones, también existe un grupo nada desdeñable de aficionados que dedican altruistamente sus recursos en el descubrimiento de nuevos hallazgos. Un grupo preocupado por el estudio, conservación y divulgación de las evidencias materiales dejadas por nuestros antepasados, que permiten conocer o al menos vislumbrar sus culturas o formas de vida. Internet nos supone una indispensable ayuda en el conocimiento y documentación, y por supuesto difusión para su catalogación por los organismos pertinentes. La base está en la educación de la vista, así mientras muchos, por ejemplo, en un paseo agreste ven rocas gastadas y amorfas, otros encuentran petroglifos de incalculable valor histórico. Este es el caso del conjunto arqueológico de la Peña de San Mamés, en ciernes de estudio oficial, lugar conocido y pateado por varias generaciones de ayoínos, que lo han pastoreado con sus ganados, arrancado su leña, plantado los actuales pinos a “pico y zadón” y escudriñado en las jornadas de caza, y sin embargo ha tenido que ser un leonés, el decorador de viviendas Dori Lobato de Castrocalbón, el que iniciara la mecha con el descubrimiento del Dolmen. Lo aprendido en su juventud como miembro de “Misión Rescate” dio frutos en Ayoó. De otra forma, en la explotación y futura plantación de nuevos pinos todo hubiera acabado bajo el acero de las máquinas. Por supuesto que yo no sé mucho de casi nada, como el gran Forrest Gump, pero estoy convencido, y el futuro lo aseverará, de la extraordinaria importancia arqueológica del conjunto. Con éste artículo insisto sobre el tema, a la vez que pongo al día las últimas indagaciones.

En primer lugar me gustaría bautizar el asentamiento, para referirnos a él con propiedad. Elegir un nombre no es cosa fácil, a no ser… a no ser que inocentemente alguien ya lo hiciera por nosotros. D. Augusto Quintana Prieto, desaparecido y renombrado investigador leonés, tradujo y publicó hace años un documento fechado en el 7 de enero de 1154, por el que el monarca Alfonso VII concede el monasterio Ageo al abad D. Suero con todo su coto, su término, que casi coincide con el del actual Ayoó, como veremos en un próximo artículo. El texto original está escrito en latín, utiliza sitios para definir los límites y para uno de ellos leemos textualmente “scilicet per farum desuper Carrazedu de Vidriales…”. D. Augusto lo traduce como “Desde el lugar sagrado que está sobre Carracedo de Vidriales”. Sin duda este “lugar sagrado” es el asentamiento prerromano, y todavía en la actualidad sigue siendo línea divisoria entre Ayoó y Carracedo. Sea, pues, éste el nombre elegido: “Lugar Sagrado”, y razón no le faltaría a quien así lo llamara, por las evidencias por descubrir, y las muchas encontradas, que paso a enumerar con las características básicas. Los competentes nos descubrirán las propias.

En primer lugar está el Dolmen, la primera pieza descubierta. Un Dolmen es una construcción megalítica, que en Bretón quiere decir “mesa grande de piedra”, y solía ser una cámara con un corredor para albergar un enterramiento. Luego era cubierto de losas y tierra formando un montículo o túmulo. El Dolmen del Lugar Sagrado está, a excepción de una gruesa losa, derruido y expoliado; la tierra desaparecida ladera abajo por la erosión, y las losas… algunas me atrevo a decir que de “tapas” en los callejones de nuestras cuevas. El corredor tiene una orientación más que aceptable al amanecer del solsticio de invierno, esto es, desde el Este aproximadamente 23,5º en dirección Sur, estimación a falta de las correcciones astronómicas y geográficas.

A una veintena de metros, siguiendo la alineación de este corredor, llama la atención una roca terminada en punta de 1,60 de alto. Sugiero que es un Menhir, el monumento megalítico más sencillo, que en el citado Bretón significa “piedra larga”. Visto desde el Dolmen, en la parte derecha tiene un pequeño hoyo; podría tratarse de una cazoleta, un grabado rupestre. La parte izquierda, así como su labrada parte superior, tiene buena precisión en la orientación Oeste – Este, hacia el equinoccio de primavera, algo que veremos y valoraremos más adelante. En su reconocimiento participó otro leonés de Castrocalbón, Saúl Cenador, en una visita que realizamos al conjunto.

En una terraza superior, a 90 metros sobre el nivel de la carretera, y rodeada por una muralla natural y artificial, se encontraban las viviendas. Es necesario el examen arqueológico para dictaminar su cronología. La extensión dentro del recinto podría ser de cerca de 2000 metros. El suelo permanece cubierto de la hoja de los pinos que malviven entre los peñascos. La entrada podría estar al Noroeste, donde parece evidente el roce. Falta gran cantidad de piedras de la muralla; con seguridad fueron acarreadas y usadas en la construcción de los pueblos cercanos. En sus cercanías varios restos circulares indican la existencia de cabañas de madera, algunas de más de 10 metros de diámetro.

Siguiendo en dirección Este, subiendo varios metros, vemos lo que parece una cabeza mirando al cielo, es el segundo hallazgo del conjunto, un Tótem, el emblema del pueblo que moraba en la terraza. Parece un guerrero, con su casco y semblante hierático. Poco más que decir, una pieza curiosa, pero con ineludibles tintes espirituales: el Tótem está mirando hacia el Sur, en dirección exacta al Dólmen, podemos pensar que hicieron el enterramiento bajo la vigilancia y protección de quien consideraban el origen, su venerado Dios.

En las inmediaciones del Totem, una serie de cazoletas precisan de examen y catalogación, una pequeña cueva que parece ser un horno, así como un segundo monumento derruido, formado por varios ortostatos, piedras de gran tamaño.

Y los últimos hallazgos han sido dos petrograbados, uno con forma de cruz y otro de flecha. Ambos señalan alineaciones de rocas en exacta dirección Este – Oeste, de la misma forma que el Menhir, lo que indica algo trascendental: allí se estableció una cultura que observaba el movimiento del sol, la duración del año y de sus estaciones para conocer el principio de la primavera. Con razón antes de 1154 quienes subieron a la peña utilizaron el término “Farum”, “Lugar Sagrado”. Tenemos, pues, un conjunto arqueológico que precisa un examen arqueoastronómico. El próximo 20 de Marzo, equinoccio de primavera, habrá que madrugar para ver salir el sol sobre las alineaciones, y corroborar estos datos.

Demasiados años han transcurrido, y demasiada erosión y acarreo de materiales. Fascina el pensar quienes, cuántos y cómo vivían en el Lugar Sagrado; de lo que no hay duda es que fueron los primeros Ayoínos, nuestros ancestros. Espero que se den los pasos acertados en su catalogación, protección y adecuación para poderlo visitar e incluir en la ruta arqueológica de Los Valles de Benavente; recuperar la zona es nuestro deber para tan importante legado. A quien corresponda, que para pronto es tarde.

P.D. - Para visualizar mejor las imágenes, hacer clik encima. Recomiendo las de la brújula.



















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